En busca de la excusa...

NEGÁNDOME A BLANDIR MI ESPADA, COMO SI, POR SER EL ÚLTIMO JINETE, TUVIERA EN MIS MANOS EL PODER PARA DESENCADENAR (O NO) EL APOCALIPSIS. EVIDENTEMENTE, EL FIN DE LA HISTORIA NO DEPENDE DE MI, PERO SIGO CABALGANDO POR EL MUNDO, NEGÁNDOME A ACEPTAR QUE NO EXISTE UNA PERSONA BUENA POR LA QUE MEREZCA LA PENA SALVAR DE LA QUEMA AL RESTO, COMO EN SODOMA Y GOMORRA...ASÍ QUE, CADA DÍA QUE APARECE ALGUIEN, MI MUNDO CONSIGUE UN DÍA DE VIDA MÁS.

17 febrero 2011

De cómo me fui

           
               Llamé a la puerta del piso noveno del número 15 de la calle Madrid y me abrió una señora con delantal. Pase- me invitó- y me dejó sola en aquel inmenso salón. Si ya me había sorprendido la ubicación de aquella vivienda, más aún lo hacían las vistas desde aquel ático y... Pasa- sonó una voz en una habitación del fondo del pasillo....
Malena me había contado que no había tarotista como aquella. Seguramente ni siquiera era por la capacidad adivinadora, sino por la destreza de sus manos con las cartas del tarot. Me asombraba con sus largas uñas mientras ella buscaba inútilmente mi mirada. No se porqué estas señoras siempre llevan las uñas largas. A veces pienso que quizás soy la única persona en este mundo que aun no tiene lavavajillas. Me da rabia...
Corta- me dijo-. Abrí la baraja más o menos por la mitad. No- dijo ella y devolvió la mitad de la baraja de nuevo al montón interrumpiendo mi intención de hacerlo.
Creo que transcurrieron siglos desde que empezó a voltear cartas hasta que comenzó a hablar. Me di cuenta enseguida de que no tenía ni idea de lo que decía, no sabía absolutamente nada de mi. Largó durante veinte minutos acerca de mi gran amor, de los hijos que iba a tener, de cómo sería mi boda con ese gran amor. Me predijo con el entrecejo fruncido un incierto futuro laboral, pero no importa – me consoló- conseguirás capital para un gran negocio que pondrá en marcha tu marido. “Tú madre se sentirá muy orgullosa”
Quise decirle que hacía años que tenía claro que me gustaban las mujeres, que no entraba en absoluto en mis planes la idea de ser madre y que afortunada o desgraciadamente no me hacía falta trabajar porque mi madre me había dejado una herencia lo suficientemente importante como para que no tuviera que preocuparme por el dinero. Quise decirle eso y que lo único que debía decirme era lo que yo quería saber, una fecha, tan sólo una fecha.
Me fui de aquel piso art decó con la sensación de haber malgastado mi tiempo y mi dinero. Estaba preparada para ser recibida en un antro y haber salido corriendo despavorida ante las fatales predicciones de mi futuro, pero no tenía en absoluto previsto salir de un ático de lujo con los felices augurios que aquella estafadora.
De vuelta a ninguna parte me encontré de nuevo en aquel mismo lugar, en el mismo callejón en el que me atracaron aquel día. Me paré en seco y de entre las sombras surgió la respuesta: La fecha era hoy. Mientras caía al suelo vinieron a mi mente todas las cosas que sabía que nunca habría hecho: me vi casada con un apuesto hombre, con dos niños preciosos y un próspero negocio familiar. Ante mis ojos no pasó toda la vida que viví, se sucedieron una detrás de otra las imágenes de la historia que nunca tendré, la que a mi madre le hubiera gustado verme vivir. No, lo siento, no vi la luz, ni el túnel, no sentí paz conmigo misma ni felicidad y no, no me esperaba mi madre al otro lado. Sin embargo sentí la vida alejarse de mi y entonces supe lo que ella sintió cuando me dijo que cuidara de mis hermanos, por fin pude compartir del dolor de su partida, comprendí cada frase de despedida que me dijo porque p­ude sentir claramente cómo la vida se me iba... para no volver... y sonreí. Gracias, por fin pude abrazar tu dolor, entender tu mirada perdida, atravesar el dolor de tu corazón y aliviar el mio por aquel lejano pero insuperable recuerdo. Y esta es la crónica de otra vida que se fue, los últimos suspiros de alguien que sólo quería irse; no para pasar a mejor vida sino para dejar de sentir, por fin y en este preciso instante.

No hay comentarios: