jueves, 5 de abril de 2007

Más sobre drogas y “poesía”

En la granja, había una fiesta de muchachos.
Eran unos 20. El más joven tendría doce años. El mayor, diecisiete, cuando mucho, calcula mi amigo.
Nadie cumplía años, no celebraban una graduación, no le daban una bienvenida a ninguno ni despedían a nadie; pero eso no era lo único extraño allí. Ahora, varias semanas después, se pudiera afirmar que era lo de menos.
El ánimo resuelto o fieramente desinhibido de cada uno diría que el motivo que los reunía era la intención de pasarla bien, lejos del bullicio de la ciudad, de la mirada auscultadora de la sociedad, de la posible o casi segura reprensión de los padres, los primeros, ciertamente, en desconocer dónde estaban, ni qué hacían a esa hora, no tan avanzada, es verdad. Porque la tarde del sábado apenas se estaba tiñendo de noche en esos instantes.
Tipos desconocidos, casi sin rostro, y quienes escasamente les dirigieron la palabra a lo largo de todo el trayecto, los habían recogido en varias camionetas vans. Como principal sitio de encuentro fueron señalados los centros comerciales. Era en esos concurridos e inocentes lugares donde sus respectivas familias supondrían a aquella bandada de adolescentes. En caso de que presintieran que algo malo pudiera pasarles, o si acaso tuvieran alguna urgencia que comunicarles, allí y no a otro sitio los irían a buscar.
Mi amigo –de unos 30 y tantos años– llegó con cajas de chupetas de sabores surtidos, y botellas de agua mineral. Por instantes él se preguntó confundido si había anotado acertadamente el encargo comercial que le hiciera el organizador de la fiesta.
Sintió que hacía el ridículo, peor aún si se toma en cuenta que había tenido la ocurrencia de invitar a su novia. Entonces a ambos los asaltó la sensación que da el estar en el escenario equivocado, en el momento equivocado.
Sin embargo, este salvaje desconcierto se ahogó en la frialdad con la cual el organizador acogió a mi amigo. El hombre, al tiempo que le disparó una mirada vacía, traslúcida, mediante un brusco e impersonal alargamiento de su mano derecha le ordenó que pusiera la mercancía sobre un estropeado escritorio.

II
En inglés la palabra Rave significa algo así como “hablar con entusiasmo”.
Ese nombre le ha sido dado a un tipo de fiestas en las cuales, según sus defensores, no todos los que acuden a ellas lo hacen con el propósito de consumir drogas, pero, la verdad sea dicha, tampoco les son ajenas esas sustancias que autores como Roberto Hernández Montoya en su libro “Más adicto será usted”, llama “poéticas” y “sagradas”, así como otras sospechosas y alucinadas apologías.
Por lo general las fiestas Rave duran entre 12 y 20 horas. Casi siempre se celebran en sitios alejados de los núcleos urbanos, al aire libre.
Cynthia Polanco, de la Universidad del Noreste, de México, advierte que la típica chica raver “tiene cabello corto, a menudo con diademas y demás accesorios para el cabello. Usa vestidos tipo `baby doll´ o pantalones con faldas sobrepuestas de colores muy llamativos y una ombliguera (…) En estas fiestas la moda infantil o fantasiosa es muy común: se puede ver a personas cargando en su espalda unas alas de ángel, o una cola de diablo, con capas de superhéroes o bien con un ´chupón de bebé´ en la boca. Otro elemento que distingue a un raver son las perforaciones en el cuerpo”.

III
Una pantalla gigante proyectaba en la granja unos inéditos dibujos animados. En el público, casi todos miraban a través de sus lentes oscuros. Otros bamboleaban sus cabezas, al compás de una estridencia musical.
–Es una música que no oyes en más ninguna otra parte. Tenías que haber visto la cara de imbécil que puse –dice mi amigo.
–¿Por qué?
–Dios, ¡qué comiquitas! ¿De dónde las habrán sacado? Eran los mismos personajes infantiles que conocemos de toda la vida, pero no hacían las mismas graciosas cosas. Eran historietas lujuriosas, todo un insólito y promiscuo espectáculo carnal, una increíble orgía, en que.., ¿te imaginas? Popeye, Olivia, Hércules, los Picapiedras, la Pequeña Lulú… ¡Todos hacían el amor! ¿Te imaginas?

IV
Cynthia Polanco describe así el ambiente de una fiesta rave:
“El Dj maneja a la gente como quiere, la hace moverse para adelante y para atrás como meneándose, o brincar y dar vueltas por toda la explanada al compás que él está manipulando. Hay jóvenes que hacen algún tipo de malabares, como mover cadenas con bolas de fuego o simplemente hilos con luces neón, al ritmo de la música, para crear un ambiente callejero o loco”.
Es una danza, dice, que se prolonga hasta las 5 ó 6 de la mañana. Lo mejor, agrega, es hacer viajar la mente y contorsionar el cuerpo con la danza y los voltajes sicodélicos del Dj, es decir, del chamán, y de las imágenes en las pantallas, con su juego de estructuras fluorescentes giratorias, y el ritmo electrónico interior, hasta que entre cortinas de brumas se recibe el amanecer.
Y enseguida anota la investigadora:
“Sí, es posible ir a raves y no tomar drogas. Pero aún así, no se puede separar este movimiento electrónico del uso de las drogas. Es imposible. Cualquiera que diga lo contrario, simplemente es un mentiroso. En Inglaterra, la escena Rave se originó con el MDMA o éxtasis (vulgarmente conocido como tacha, debido a la marca que tiene la pastilla)”.
En América, apunta, fue el LSD o ácido.
“Los raves fueron llamados "Dose" o "Acid Test" (Dosis o Pruebas ácidas). Los raves son una forma de cambiar el estado psicológico del ser humano, llevándolo a un plano existencial diferente. Esto va de la mano con las drogas psicodélicas. Al principio, el ácido y ocasionalmente la marihuana fueron las únicas drogas en América. Después el éxtasis llegó, aunque esta droga fue producida en EUA después de la guerra de Vietnam, y se convirtió en la droga favorita, rompió muchos egos, encajó perfectamente en el Rave, por su ideología. Hoy sigue siendo muy popular; sin embargo, la avaricia y el interés de algunas personas han provocado que el éxtasis ya no sea puro. Es usualmente rebajado con polvo para cocinar, o peor aún, con pesticidas y venenos”.

V
–¿Qué es esto? –se decidió, al fin, a preguntarle mi amigo al organizador, en la granja.
–Una fiesta –fue su respuesta, que sólo repetía lo obvio.
–¿Qué tipo de fiesta?
–¿No has oído hablar del rave? –repreguntó, con la mirada esquiva.
–¿Cómo llegaron esos muchachos hasta aquí? –insistió nuestro desprevenido visitante.
–Cada uno pagó su entrada –justificó aquel hombre, todo cuentas, todo ganancias.
–¿Cuánto pagaron?
–30.000 más el consumo.
–¿Para qué son las chupetas?
–Averígualo en el baño.

VI
–¿Qué es lo que hacían en el baño aquellos niños? –interrogo atormentado al amigo.
–¿Te imaginas? –respondió, y su manía de responder con más preguntas me exasperaba. Él lo notó, pero persistía en su insoportable terquedad–. ¿Sabes de dónde proviene el término crack?
–¿Qué demonios hacían en el baño? –debo haberle gritado.
–El crack –dijo, ignorándome– es un tipo de cocaína no neutralizada por un ácido. Tiene forma de cristales de roca y lo que se fuman son sus vapores. Crack se refiere al crujido que produce el calentamiento de los cristales.
Lo que siguió fue una cátedra, que yo oí como penitente pago a la revelación ansiada.
–En el baño distribuían polvos, pastillas, qué sé yo... ¿Te imaginas? Parecía una escuela en la que en vez de merienda o jugos, a los muchachos les cargaban las luncheras con droga.
–¿Para qué eran tus benditas chupetas? –pregunté, transportado, como deben hacer preguntas los fantasmas.
–Mi novia entró al baño de las niñas. Yo, al de los varones. Al parecer el éxtasis tiene un sabor extremadamente ácido. Dicen que su amargura escuece o quema la boca. De allí la necesidad de endulzar el paladar. La razón del agua que les daban es porque uno de los peligros de esa droga es que deshidrata el organismo con mucha rapidez. En unas horas puede causar la muerte.
Mi amigo dice que sintió incontrolables náuseas al enterarse de la relación entre la cándida chupeta que él llevó y la droga que, en aquel maléfico festín, tantas tiernas y ávidas manos se estiraban para alcanzarla.
Para mí era más que suficiente, pero por la forma en que mi amigo me miró entonces, supe que algo más, y sin duda terrible, había pasado.

VII
¿Sopesan los apologistas de la droga el efecto que en mentes inmaduras, o en espíritus proclives, han de generar sus torvas insinuaciones, las propagandas con las cuales buscan revestir de un aura de romanticismo el consumo de estupefacientes?
¿Qué tipo de responsabilidad asume el escritor venezolano Roberto Hernández Montoya, presidente del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), cuando escribe el párrafo siguiente en un libro de distribución gratuita (500.000 ejemplares), editado por el Consejo Nacional de Cultura (Conac) y el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes?:
“Esas sustancias –excusa él– se usaron siempre en todas partes para fines medicinales, religiosos, mágicos, afrodisíacos, anestésicos, tranquilizantes, excitantes, orgiásticos y para darse valor en la guerra. Ellas dimanan de las profundidades de lo simbólico, cultural, emocional, dramático, alegre y religioso. Se consumen para celebrar sucesos primordiales como el nacimiento de un niño o para comunicarse con los dioses”.
El hecho de que el alcohol cause más muertes en el mundo (62 millones entre 1950 y 2000), no vuelve a la droga un producto esencialmente inocuo, poético, simbólico. Tampoco la referencia cierta, por ejemplo, en cuanto a que el consumo del opio se remonta a 4.000 años antes de Cristo. (En todo caso, estaríamos hablando de una poesía que destruye las neuronas del cerebro, y no simbólicamente.)
La argumentación de Hernández Montoya, favorable, sin decirlo abiertamente, a la legalización o despenalización del consumo de droga, se basa en canallescas tergiversaciones y en supuestos falsos, como ese de sostener que la liberación de los estupefacientes reduce su comercialización pues hace que pierdan el atractivo de lo prohibido. La prohibición, dice, sólo añade al producto un “valor agregado”. Así, el negocio es más lucrativo porque es ilegal.
¿Qué pasó en Holanda tras la legalización de la marihuana? Las frías estadísticas dicen que su consumo creció 193%, entre personas de 18 a 25 años.
Legal o no, un consumidor de droga requerirá cada vez dosis más altas o sustancias más poderosas –y más destructivas– para lograr el mismo estado de euforia que le asegura la acumulación de dopamina.
Manuel Francisco Becerra ha esclarecido algo fundamental: “Un iraní, un holandés y un habitante de una isla caribeña no se pueden meter en el mismo saco. En Europa hay cierta permisividad frente a la droga y hay playas nudistas y manifestaciones gay. Pero un iraní no concibe las cosas de ese modo, un centroamericano tampoco, y por lo tanto el enfoque del problema no puede desconocer el patrimonio ni la infraestructura cultural de todos y cada uno de los países”.
Y he aquí un planteamiento del todo pertinente:
“Los promotores de la legalización de la droga, que apoyan sus tesis en la idea de que lo prohibido es atractivo, ¿se habrán preguntado por qué en las droguerías no se vende libremente el cianuro?”

VIII
–¿Te imaginas? –siguió mi amigo–. Esa noche estuve en aquella fiesta de la granja hasta las 3:00 de la noche. Estaba aturdido, desmoralizado, envuelto en mil preguntas, atravesado por mil desasosiegos.
–Eso no fue todo –agregué, a modo de temerosa indagación. Mi voz era apenas un hilo maltrecho.
–¡Regresé en la mañana!, esta vez solo. El cuadro que vieron mis ojos era aterrador, créeme. Los muchachos estaban dormidos, como muertos en fosa común, reducidos a un apagado e inexpresivo desbarajuste de cuerpos, la mayoría desnudos, en absoluto desorden. Unos sobre otros. ¿Te imaginas?

IX
(Estimado lector, mucho siento advertirle que, aunque narrada como un cuento, esta historia no es figurada ni mucho menos. Ocurrió realmente, hace unas semanas. ¿Dónde?: Aquí, en Barquisimeto.)

5 comentarios:

Anónimo dijo...

lo que un dia fue un sueño colectivo hoy esta a punto de desaparecer porque Medios amarillistas difundieron informacion (o desinformacion?) de que se regalaba crack en la compra de tu boleto, de que en los raves la gente tiene sexo al aire libre y cientos de bocinas inundan los pacificos bosques.Ya no se trata de quien hace las mejores fiestas o tiene los mejores tracks, ya no se trata de pertenecer a un "crew" o a otro, se trata de demostrar cuanto amamos la música y cuanto estamos dispuestos a hacer para que este sueño continue. Se trata de demostrarle a los de "afuera" que las fiestas rave no solo son pretextos para drograrse y espacios de libertinaje.
proponer un trabajo en conjunto entre la banda, organizadores, artistas y autoridades. Buscando un balance. La solución no puede ser que dejen de existir las fiestas al aire libre. Demostremos que esto se trata de la música y no de drogas y excesos.

Anónimo dijo...

No se de donde sea José Angel Ocampo; supongo yo, España. Soy mexicano, tengo diecisiete años y estudio el bachillerato. Me gusta ir a los raves.

Desde este contexto yo siento. Vivo en carne la psicodelia, sé que son las drogas, he consumido varios tipos y he visto muchos usuarios, dosis, y malos pasones. Ahora solo uso de vez en cuando el LSD y un poko mas frecuentemente la marihuana. Que se me juzgue desde aqui y se entienda mi posicion fuera de conceptos como bueno o malo, olvidemos esto ke en este plano poco importa. Mi concepto del rave no encaja mucho en la historia ke nos narra este hermano, aunke definitivamente no descarto ni tacho de poco veráz su narración. Yo veo y vivo el rave supliendo una necesidad humana y ancestral de bailar y convivir, de ritualizar y de creer. Siento dificultades para definir más mis razones y ampliar la lista de cosas poéticas y simbólicas ke podría decir de por ke me gusta ir al rave. Es mas simple en mi pedazo de realidad. Es mas humano y mas salvaje y mas impulsivo si asi lo kieren ver los aletargados. No me importa ke se piense ke muero mas cada vez ke voy a un rave. Eso es basura. Muero mas cada dia ke despierto por ke así son las cosas, muero mas cada vez que respiro por ke hay basura flotante proveniente de mil fabricas y autos. Esa es una verdad unica y absoluta. Mis drogas me matan aún más rápido, igual ke mil cosas mas ke son parte de mi vida de sedentario estudiante que se malpasa duerme poco vive acelerado es adolescente y se desarrolla en una ciudad promedio contaminada inmensa atestada de tráfico y stress. Todo lo he escrito sin comas. Soy todo eso de corrido. Soy todo eso y me identifico en ese esquema ke podria parecer muy especializado pero ke en realidad es sumamente común. Por eso creo ke estas palabras muchos las encontrarán afines. Yo me siento afín con el citado en el texto. Yo tambien creo en el simbolismo de las drogas, vivo lo ancestral y primigenia psicodélia de mi cultura azteca y muchas otras ke comparten mi país. Xochipilli es testigo ancestral de ese ritual y mistico consumo de alucinógenos. No se crea ke por eso descarto lo ke Jose Ángel narra. Tambien he visto lo destructivas y mortiferas ke son algunas drogas (y mas especialmente las rogas sintéticas).

Ahora podria argumentar cosas muy ciertas ke no se toman en cuenta en algunos puntos de vista como que es muy ditinto el uso ke se da de una MDMA y semillas d ipomoea o peyote; pero no se si en realidad valga la pena eso. Hay muchos puntos de vista y curiosamente tambien hay muchas coincidencias en estas forma de ver las cosas. Para muchos esto es lo mismo. Los medios de comunicación muchas veces (tal vez en esta corroida sociedad siempre) son los encargados de que muchos entes individuales y únicos (¿?) vean las cosas de la misma manera. Es curioso como se ha satanizado en mi país el uso de drogas. Veo esto en muchos paises. La droga mata, eso es cierto. La Tv mata, eso tambien es cierto. Vivir mata si se ven exageradamente las cosas y sin embargo esto tambien es cierto. Es lógico ke esto se me refute con: "pero una droga te mata mas rápido". He ahí donde hay mucho ke decir.

En el rave, he suplido como antes mencionaba, necesidades ancestrales, como danzar alrededor de una fogata. Esto no es una necesidad humana propiamente, y tampoco se cumple necesariamente en el rave, pero todo lo ke esta acción implica si es una necesidad humana y si se cumple en el rave. El rave es una mezcla de todas estas cosas ke emanan de la convivencia alrededor de una fogata; y tambien es una mezcla de otras tantas cosas vinculadas más con la modernidad y sus consecuencias. De ellas deriva el uso de drogas.

No se puede meter a todos en el mismo costal. Eso tambien es cierto. Mi vida me hace un tipo de consumidor completamente distinto a muchos otros. No me pueden meter en el mismo costal. Estoy de acuerdo en la ilegalidad de las drogas. Estoy de acuerdo en tener ke transgredir leyes para consumir, esto es un buen regulador social, ( y también un muy buen negocio y excusa del gobierno) no todos pueden consumir drogas. El ke sean "prohibidas" las hace mucho mas caras y redituables. Todo eso es cierto.

Tambien es cierto ke hay una amplia gama de tipos, dosis, efectos, zonas de acción, composiciones, ingredientes, fabricantes, diluciones, formas de uso y demás tópicos de donde elegir. Por ello mismo la palabra droga ya es insuficiente. En el rave confluyen todas y todo tipo de usuarios. También existen todo tipo de interpretaciones. Aún son pocas las interpretaciones ke toman en cuenta a la droga como algo posible. Este no es ese momento en el que la droga es posible; lo sé. Sin embargo no se puede descartar el hecho de ke algún dia la humanidad esté preparada para abrir estas puertas de percepción; por que eso son. Existen muchas, pero no es tan dificil saber kuales te matarán y cuales son blandas. El alcohol para mi es una droga y según comprendo al sistema, es una madre legal si eres mayor de edad. Para este punto de mi vida mis padres han intentado casi con todo alejarme de ese camino de alcohol drogas sexo y perdición tan mencionado en las telenovelas ke ven. Su realidad ficticia me afecta. Casi cruzo el umbral de poder matarme sin broncas por ke soy mayor de edad, y afortunadamente para mis padres y para mi, sé distinguir ke el alcohol embrutece y derrama vida por la borda. El cigarro no me gusta la verdad, ke cosa mas inútil. Ambas cosas anteriores son legales. Las drogas aún no son bien vistas por la sociedad, a pesar de ke otras si lo son; y tal vez eso es por ke su ancestral generalizado e ininterrumpido uso se los ha permitido. Estoy de acuerdo, no todos pueden usar la droga pero se ke existen personas ke tienen el criterio necesario para usarlas y distinguir de una droga sintética y un enervante natural, o una droga psicotrópica de una droga entéramente sensitiva. Existen abismos entre ellas, y por ello no se pude generalizar. Pero no espero ke se comprenda esto, solo kiero saber ke se piensa de lo ke pienso... alguien cree ke algún dia se pueda con un comprobar con un exámen psicológico quien pude consumir drogas y asi se mantengan alejadas de los autodestructivos???.

Aún no, pero tal vez algún dia.

Por cierto, se ke me desvié completamente del tema del rave, aunke creo ke la parte principal de lo ke keria decirle a José se cumplió
.
Ke terrible "pseudorave" te tocó presenciar José Ángel, eso no se puede llamar rave, no con esa descarada y asqueante alevosía, no con esa brutal masacre de neuronas sin dedicatoria o sentido, no con tan poco espiritu. Ritualizar es necesario, adecúa la mente para realizar cosas. Eso no es rave por que no ritualiza ni engloba mas allá de drogarce. Las cosas son como se usan.

Anónimo dijo...

por cierto, por avidéz no saciada de compartir mentadas de madre, comentarios, versos poemas drogas o le ke se guste drulo esta en :

musik_is_the_answer@hotmail.com

Anónimo dijo...
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
Anónimo dijo...
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Acerca de mí

Periodista. Jefe de Redacción del diario El Impulso, de la ciudad de Barquisimeto, Venezuela